Carta abierta a la banda que me cambió una banda

28 02 2015

Este fin de semana estuve paseando con mi sobrino por el Zoológico de Buenos Aires y el Planetario.

Las cuentas no son tan complicadas: pasé con él por esa esquina en la que todo cambió. No hay palabras que me alcancen para explicar todo lo que me pasó por la cabeza en esa cuadra, mientras hablaba con mi cuñada de andá a saber qué.

Ayer estuve viendo el documental de El grito después. Lo terminé hace un rato, en el bondi.

Y empiezo a escribir este mail en el laburo, pe culpa de un compañero que puso No cars go. Si habré escuchado ese tema, sin saber cómo se llamaba ni de quién era, en momentos de calma post-huracán.

Escribo esto medio a las apuradas, diciéndome “pongo esta línea y vuelvo a laburar, lo sigo en el bondi”. Y sigo sumando líneas porque, no hay forma: se me eriza hasta el último pelo del culo con las imágenes que me vienen a la cabeza.

Es que, ¿saben? No hay forma de que le explique mi vida a nadie sin nombrar a Catupecu.

Tenía 9 o 10 años (soy del 89) cuando en un campamento del colegio pusimos como código en algún juego nocturno que para identificarnos entre miembros del mismo equipo uno gritaba “Parate Polaco” y el resto contestaba “Jose”. No funcionó muy bien: contestó la mitad del curso, y no sólo los de nuestro equipo.

Uno o dos años antes (en tercer grado), un compañero me había hecho escuchar Dale! en el pasacasetes del auto de la vieja, a la salida del cole. “Cuando tengas adelante la cara del mutante, dale… Está hablando de coger”, me dijo. Puta casualidad, este lunes lo vi al loco este en la estación de Castelar: hace como desde séptimo grado que no lo veía.

Durante varios años fue Cuentos Decapitados el único disco de ustedes que tuve. Me lo regaló un primo de mis viejos para un cumpleaños. Él fue también el que me llevó a Vélez a ver a los Peppers en el verano del 2001, ese día que cayó tanta mierda del cielo que apenas pude verlos a ustedes tirándose al público, yo desde la platea baja.

Ahora pasó un día y medio desde que escribí el párrafo anterior, y las vueltas de la vida me trajeron a la provincia de Córdoba: en un rato voy a visitar a este primo, bastante de pedo.

No les voy a mentir: me distancié de ustedes con Cuadros. No me gustó, como tampoco El número, disco que me regalaron, escuché una vez y lo cambié.

Cambios… Catupecu… Casi una redundancia, ¿no?

Todo cambió en esa esquina. Todavía tengo el mail que mandé a Basta de Todo ese 31 de Marzo, tipo 5 de la tarde, preguntando qué era lo que habían dicho que le había pasado a los hermanos Ruiz Diaz: “PRENDE LA TELE, PAPA! GABRIEL ESTA EN COMA 4”.

Lo sentí un llamado. Necesité estar ahí, sentí que tenía que ser parte. Fui al Obras del 24 de abril. Casi me gana la paja, pero fui. Sólo, sí. En jogging, que volvió con aeroventilas. Entendí Entero o a pedazos ese día, no por interpretar palabras y versos, si no por ver en el medio de la gente a un flaco llorando desconsoladamente.

Fue buscando audios y videos de esa fecha que conocí a un grupo de gente de la concha de la lora. La de kilómetros, horas y pogos que compartimos, no tiene número.

De ese grupo tuve la suerte de cruzarme a la que fue mi novia por mucho tiempo. Y fue su hermana la que me regaló al nene más hermoso que puedo tener como sobrino.

No puedo explicar mi vida sin ustedes. Gracias por estar ahí.

Gracias por cambiar… me.

PD (31/03/2016):

tatu-el-lugar


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